
El 23 de Septiembre Charly García volvió a los escenarios en un concierto ante quince mil personas en Lima. Sobre el show no puedo hacer muchos comentarios ya que ninguna empresa de celulares me regaló una entrada con pasaje incluido a tierras incas, y apenas pude ver algunos videos en youtube, la mayoría de mala calidad. No creo que corresponda hacer una crítica sobre un recital de semejante músico basándose sólo en si está gordo, si puede cantar, si todavía puede mover los dedos o si es manejado por una secta malévola conformada por Palito Ortega y su nuevo manager, Fernando Szereszevsky. Tampoco creo que sea conveniente subirse al tren de los medios que ayer mostraban imágenes de Charly sólo cuando hacía quilombo en un boliche o suspendía un recital, y ahora (¡¿sorpresivamente?!) hacen alarde de un “nuevo Charly”, limpio, sin drogas, y “normal” si seguimos la frase de Guillermo Andino que al cerrar la nota sobre el recital de Charly dijo: “Bienvenido”. ¿Bienvenido a qué?, me pregunto. ¿Al club de la gente que se peina horrible para decir boludeces por televisión con música depre de fondo? ¿Bienvenidos al tren? ¿O acaso Charly se hizo de Racing? No creo que sea sano pensar que una persona pueda convertirse en otra de repente. Cuando Bebe Contempomi le preguntó qué pensaba cuando se veía ahora tirándose del noveno piso de un edificio Charly le respondió: “Pienso que lo volvería hacer”. Es verdad que, no sé si por los medicamentos o qué, el bicolor ya no tiene esa chispa o ese humor que lo hizo sudar a Lanata cuando le dijo que pensaba que él había sido un genio en alguna época pero que desde hacía mucho se quería copiar a sí mismo, y Charly le respondió: “Y yo pienso que vos sos un pelotudo”. Pero, como diría el refrán popular, las personas no cambian.
Charly drogado y alcoholizado hizo cosas geniales y otras muy malas. En una nota viejísima de la revista Rolling Stone dijo: “No creo que la droga pueda darte nada que no tengas”. También decía en esa nota que se había fumado treinta porros antes del Adiós Sui Generis. Es decir, Charly podía hacer un recital increíble como el Adiós Sui Generis re contra porreado, pero le das la misma dosis al pelotudo de la esquina y no toca ni el A Ro-Ro. Y tampoco hay que pensar que compuso temas increíbles como Llorando en el espejo con ayuda de la droga. La droga puede haber servido como inspiración, o su temática puede girar en torno a la cocaína, pero la canción es efecto de un talento enorme y no de ninguna sustancia química. Sino les propongo que se fumen un porro y traten de componer un tema. No quiero imaginarme los resultados.
La última vez que lo vi en vivo creí que no iba a verlo nunca más. Fue en marzo de 2008, algunos meses antes de que destruya un hotel en Mendoza y sea internado forzadamente (la imagen que mostraron los medios de Charly atado a una camilla es terrible) en una clínica psiquiátrica. El recital fue en Abbey Road, un bar en Mar del Plata. Curiosamente, la tapa del último disco de Los Beatles se dice que representa un cortejo fúnebre donde Paul sería el muerto, John el sacerdote, Ringo el enterrador y George el amigo que asiste al entierro. Bueno, al final no hubo muerto, aunque a muchos les hubiera encantado, y ahora esperamos ansiosos el recital del 23 de Octubre en Vélez. Esa noche en Mar del Plata las imágenes de Perro andaluz proyectadas sobre el escenario antes de empezar el recital habían inflado mis expectativas, que nunca son pocas al ir a escuchar a Charly García. Finalmente el recital empezó. Salió Charly con un velo negro sobre la cara y las piernas flacas todas cortadas y pintarrajeadas. Repasó casi todo Kill Gil él sólo con una guitarra eléctrica distorsionada sobre grabaciones y regrabaciones al mejor estilo estilo Say no more. Después se copó con algunos clásicos y hasta pidió un aplauso para el Flaco Spinetta quién, hasta donde yo sé, no estaba en la sala. El recital sonó bastante sucio, el sonido era malo, los teclados apenas se escuchaban, cantó bastante mal, se habrá tomado una botella de whisky por lo menos y frenó varias veces para pedir que echaran a gente del público porque le sacaban fotos. En Lima se lo vio mucho más tranquilo, la banda suena de la puta madre y muy prolija como desde hacía mucho no sé escuchaba en bandas suyas. A pesar de la rigidez, producto de la sedación, Charly se animó a bailar y a dar vueltas por el escenario. Alternó entre el piano y el micrófono que estaba en el medio del escenario, donde hasta dio un gran salto super rocker. Canta bastante bien si tomamos como referencia su sorpresiva vuelta en marzo en un concierto en Luján. Y se lo nota en armonía con el público. Ahora sólo queda esperar hasta el show de Vélez, donde seguramente nos va a sorprender aún más de lo que nos tiene acostumbrados (perdón por la frase demasiado Guille Andino).
Dejo para que escuchen un video de una presentación de Charly en un programa de TV en 1985, época de Piano Bar. Ahí puede verse al Charly más clásico cantando al piano Total interferencia, tema que quedó huérfano del abortado proyecto entre García y Spinetta. En sus líneas, la letra que tiene un estilo más spinetteano, dice: “Estamos como el amor que se echa a perder, violamos todo lo que amamos, para vivir…”.
Charly drogado y alcoholizado hizo cosas geniales y otras muy malas. En una nota viejísima de la revista Rolling Stone dijo: “No creo que la droga pueda darte nada que no tengas”. También decía en esa nota que se había fumado treinta porros antes del Adiós Sui Generis. Es decir, Charly podía hacer un recital increíble como el Adiós Sui Generis re contra porreado, pero le das la misma dosis al pelotudo de la esquina y no toca ni el A Ro-Ro. Y tampoco hay que pensar que compuso temas increíbles como Llorando en el espejo con ayuda de la droga. La droga puede haber servido como inspiración, o su temática puede girar en torno a la cocaína, pero la canción es efecto de un talento enorme y no de ninguna sustancia química. Sino les propongo que se fumen un porro y traten de componer un tema. No quiero imaginarme los resultados.
La última vez que lo vi en vivo creí que no iba a verlo nunca más. Fue en marzo de 2008, algunos meses antes de que destruya un hotel en Mendoza y sea internado forzadamente (la imagen que mostraron los medios de Charly atado a una camilla es terrible) en una clínica psiquiátrica. El recital fue en Abbey Road, un bar en Mar del Plata. Curiosamente, la tapa del último disco de Los Beatles se dice que representa un cortejo fúnebre donde Paul sería el muerto, John el sacerdote, Ringo el enterrador y George el amigo que asiste al entierro. Bueno, al final no hubo muerto, aunque a muchos les hubiera encantado, y ahora esperamos ansiosos el recital del 23 de Octubre en Vélez. Esa noche en Mar del Plata las imágenes de Perro andaluz proyectadas sobre el escenario antes de empezar el recital habían inflado mis expectativas, que nunca son pocas al ir a escuchar a Charly García. Finalmente el recital empezó. Salió Charly con un velo negro sobre la cara y las piernas flacas todas cortadas y pintarrajeadas. Repasó casi todo Kill Gil él sólo con una guitarra eléctrica distorsionada sobre grabaciones y regrabaciones al mejor estilo estilo Say no more. Después se copó con algunos clásicos y hasta pidió un aplauso para el Flaco Spinetta quién, hasta donde yo sé, no estaba en la sala. El recital sonó bastante sucio, el sonido era malo, los teclados apenas se escuchaban, cantó bastante mal, se habrá tomado una botella de whisky por lo menos y frenó varias veces para pedir que echaran a gente del público porque le sacaban fotos. En Lima se lo vio mucho más tranquilo, la banda suena de la puta madre y muy prolija como desde hacía mucho no sé escuchaba en bandas suyas. A pesar de la rigidez, producto de la sedación, Charly se animó a bailar y a dar vueltas por el escenario. Alternó entre el piano y el micrófono que estaba en el medio del escenario, donde hasta dio un gran salto super rocker. Canta bastante bien si tomamos como referencia su sorpresiva vuelta en marzo en un concierto en Luján. Y se lo nota en armonía con el público. Ahora sólo queda esperar hasta el show de Vélez, donde seguramente nos va a sorprender aún más de lo que nos tiene acostumbrados (perdón por la frase demasiado Guille Andino).
Dejo para que escuchen un video de una presentación de Charly en un programa de TV en 1985, época de Piano Bar. Ahí puede verse al Charly más clásico cantando al piano Total interferencia, tema que quedó huérfano del abortado proyecto entre García y Spinetta. En sus líneas, la letra que tiene un estilo más spinetteano, dice: “Estamos como el amor que se echa a perder, violamos todo lo que amamos, para vivir…”.
