viernes, 23 de octubre de 2009

Ipod


Desde hace algunas semanas que en mis ratos de soledad, sea cuando camino por la calle, cuando viajo en bondi o mientras como una hamburguesa en algún local de Mc Donalds del microcentro y leo un libro o escribo boludeces en un cuaderno, bueno, en todos esos ratos desde hace algunas semanas que me acompaña un ipod. Este extraordinario artefacto electrónico que en realidad es de mi abuela, a quien prometí devolvérselo las últimas cuatro veces que la vi, parece uno de esos objetos futuristas que hay en las películas de Stanley Kubrick (la moderna casetera de Alex en La Naranja Mecánica por ejemplo). Como la profesión de mi abuelo –geólogo – requiere de viajar asiduamente, siempre trae de sus viajes al norte del continente alguna novedad tecnológica. Temo que si sigue dedicándose a esa profesión por mucho tiempo algún día aparezca con una heladera con máquina de fotos, un reloj-cuchara (¡epa, esto nadie se lo había imaginado!), un elefante que hable en francés (¿?), etc. Disculpe mi falta de imaginación. Por algo escribo en un blog, sino hubiera sido inventor. Volviendo a mi hermoso ipod blanco, tengo que aclarar que no es la última novedad del mercado. Es bastante pesado, no saca fotos, no funciona como celular, no reproduce videos, ni sirve para conectarse vía internet con seres de otras galaxias. De todos modos, no tiene nada que envidiarle a esas cositas pequeñas que la gente usa hoy en día.
El hecho de que el objeto preciado haya pertenecido en alguna época a mi abuelo (luego fue de mi abuela, hecho poco significativo en la historia del objeto) es una limitación a la hora de seleccionar la música ya que salvo Beatles, Rolling Stones, Lennon y otras pocas bandas de rock, la mayoría de la música que contiene el aparato es jazz, blues o country, estilos que están bien para escuchar acostado en la cama pero no tanto para hacerle de banda de sonido a un viaje en colectivo o una caminata por el Parque Centenario. Y otro problema mayor: la música la cargó, desde su computadora, un amigo de mi abuelo que vive en Texas y según tengo entendido (no es que sea un experto en el tema) el ipod no permite que se le cargue música desde cualquier PC. Una medida loable si su objetivo es acabar con la piratería aunque eso signifique escuchar Bob Dylan todo el día (el aparato tiene veinte discos del cantautor). Así que como no tengo pensado viajar a Estados Unidos para cambiar la música de mi ipod, empecé a implementar la función aleatorio. Puedo escuchar a los Beatles (y Lennon) todos los días y no cansarme, pero tampoco creo que sea saludable escuchar todos los días mis canciones favoritas: “Your mother should know”, “Fool on the hill”, “I’m loosing you”, “Woman”, “Mind games”, etc (no puedo dejar afuera a “Brown sugar” de los Stones). Con la implementación del método aleatorio, a la vanguardia de las nuevas formas de escuchar música, descubrí algunas bandas que hasta ahora no estaban en mi lista de "escuchables". Algunas de ellas: Grateful dead, una banda experimental de los años 60’ de la que solo sabía que su líder era Jerry García, aquel que fue parte del Acid Test que narra Tom Wolfe en su novela non-fiction Ponche de ácido lisérgico, también sabía que había tocado en Woodstock; Bill Nershi Band, una banda country que me enamoró con sus guitarras acústicas y dúos de voces; algunas cosas de Clapton; Jefferson Airplaine (historia similar a la de Grateful dead: 60’, psicodelia, LSD, Woodstock); Jimmy Buffet; etc.
Otra cosa que descubrí caminando por la calle o, en realidad, estando en cualquier lugar público con auriculares puestos, es que la banda de sonido determina las ideas que uno pueda hacerse sobre la gente que se cruza (el reproductor tiene que estar prendido, sino no vale). Por ejemplo, si estoy caminando por el Parque Centenario mientras escucho música country, veo a la gente que corre alrededor del parque y me da la sensación de que todos son felices, no se me cruza por la cabeza la idea de que toda esta gente tenga una vida de mierda cuya única felicidad diaria sea dar vueltas alrededor de un parque. También hay casos en los que la música puede determinar lo que suceda en la realidad. Por ejemplo, la otra vez cuando estaba comiendo una hamburguesa en un local de Mc Donalds, justo cuando sonó “Birthday”, canción que abre el disco dos del Álbum Blanco, descubrí que en una mesa contigua un grupo de gente festejaba un cumpleaños bochornosamente. Debo confesar que no es muy agradable estar sentado en una mesa escribiendo en un pedazo de papel atrocidades para la Historia de la Literatura, Beatles al mango, y de golpe un grupo de gente alborozada cantando canciones, haciendo alboroto, cosas que solo me recuerdan a la infancia. No se lo deseo a nadie. Tampoco le deseo a nadie no conseguir el libro de Bolaño que desea leer, escritor que admira pero que nunca leyó (¿se puede admirar a un escritor por lo que leyó de él en un suplemento cultural o por lo que le mencionó un amigo?), y que sean las nueve de la noche en un parque de mierda donde la gente da vueltas sin ningún sentido y que el único consuelo que te quede sea seleccionar la función aleatorio de tu ipod y que la próxima canción esté buena. Si el sujeto en cuestión fuera yo (hay suficientes datos en el relato que lo indican) probablemente sería muy feliz.
El barbudo que aparece en la foto, mezcla entre Jim Morrison y el baterista de Pez, es el cantante de Grateful dead, el señor Jerry García.

jueves, 15 de octubre de 2009

God is a concept


“God is a concept”, dice uno de las mejores canciones de John Lennon grabada en 1970 para su álbum solista “Plastic Ono Band”. Los Beatles acababan de separarse y Lennon, un poco cansado de todo el quilombo que fue la separación del grupo, en esta canción buscó desacralizar a los mitos, y en especial al mito que significaron los Beatles. Recordemos la beatlemanía, las chicas chillando, los recitales en estadios repletos donde no se escuchaba una sola nota, etc. No puedo dejar de relacionar el mensaje del ex beatle (“Dios es un concepto con el que medimos nuestro dolor”) con el fenómeno Maradona que en los últimos tiempos se apropió de este humilde espacio. A diferencia de lo que dice Lennon (“Así que amigos, tendrán que seguir ustedes, el sueño ha acabado”), en donde le hace entender a sus ex compañeros, y a la gente, que el sueño se acabó y que él, así como el público, pueden vivir sin los Beatles, al DT de la Selección Argentina parecería no interesarle demasiado terminar con ese sueño que lleva más de veinte años. Puede pasar cualquier cosa, puede dejar de ser el DT de argentina, puede quedar eliminado en primera ronda, lo que sea, pero jamás dejar de ser ídolo. Apenas terminó el partido, mientras los jugadores festejaban y cantaban algunos cánticos en contra de los periodistas, el técnico se sumó al festejo como si fuera uno más. Mientras tanto, Bilardo, que había visto el partido desde un rincón del estadio con una capucha digna de un personaje de “La guerra de las galaxias” se acercó al lugar donde estaban reunidos los jugadores y abrazó a Maradona. En ese instante, entre forcejeos, y algunos insultos, con la masa de periodistas que los rodeaban, el doctor y el ex número diez empezaron a llorar desconsoladamente en una imagen que probablemente mañana será tapa de todos los diarios del país. Luego el técnico dio una conferencia de prensa que probablemente lo vuelva a ubicar en un lugar importante de la historia. He escuchado conferencias extrañas, peleas entre técnicos y periodistas, pero ninguna como esta. La frase literal de Maradona fue: “Tengo memoria, hermano, al que no creía, a los que no creyeron. Con perdón de las damas, que la chupen y que la sigan chupando”. Y básicamente la conferencia de prensa fue eso, dijo una par de veces, que la chupen, que la chupen, le dijo al periodista de América, “Toti” Pasman, que él “la tenía adentro”, citó a Dalma y a Giannina, y bueno, eso, que la chupen. Sobre el partido no hay mucho que decir. Planteo conservador con cuatro centrales abajo y línea de cuatro en el medio, Verón demostró que no fue el malo del Mundial 2002 y que puede ser aplaudido por la hinchada de todos los equipos (aunque hay que buscarle reemplazante ya que no va a llegar al Mundial), tenemos 9 (Crespo te podes retirar), Messi le dio la razón a Caruso Lombardi (“Messi en mi equipo es suplente”), Tévez demostró en lo poco que estuvo en cancha que puede hacer algo más que correr y chocar rivales, Monzón demostró lo generoso que es el fútbol (¿qué pasó con Papa?), finalmente encontramos un arquero que además de pararse entre los dos palos tiene manos, Di María desequilibra por izquierda aunque lo que más me llama la atención es que un tipo con esa cara juegue en la selección, Jonás se corre todo y cada tanto juega al fútbol. En fin, estamos clasificados, podemos wait for the mundial, aunque no tan tranquilos porque nos falta un pequeño detalle: no hay equipo. Así que Señor Técnico, si no quiere que se la sigan chupando, póngase a trabajar y arme un equipo como la gente.

miércoles, 14 de octubre de 2009

¿Waiting for the Mundial?

Hoy no es un día cualquiera para el hincha de fútbol argentino. El partido con Uruguay parece poner muchas más cosas en juego que la clasificación al Mundial de Sudáfrica. El hombre que festeja los goles de palomita esta vez realmente corre el peligro de morir y no volver a resucitar. Y no me refiero a la persona, al hijo de Doña Tota y Don Diego, al que nació en Villa Fiorito (aunque esto también tenga que ver con la configuración del ídolo), sino al personaje, a la figura erigida en Dios y que hoy corre el riesgo de ser crucificado y de no volver a resucitar jamás. En una reciente nota en la revista Un caño Fabián Casas utiliza el término “gordismo” para explicar el fenómeno Maradona: “El gordismo es una forma de vida. Surge del fanatismo por Diego Maradona y se afianza y crece a medida que el protagonista central tiene vicisitudes que lo mantienen entre la vida y la muerte”. Es sabido que desde su asunción como DT de la Selección Argentina el ex Pibe de Oro no ha hecho más que poner en duda su idolatría partido a partido. Es decir, nadie va a cuestionar que haya sido el mejor futbolista de la historia, pero la idolatría de Maradona es algo que va mucho más allá de la pelota. Probablemente si Maradona no hubiera construido su vida a través de una cámara de televisión, siempre acompañado por un micrófono y un séquito de periodistas (llamémosles emisarios gordistas), sería recordado de la misma manera que ex futbolistas como Bochini, Alonso, Kempes. Tipos que fueron cracks en algún momento, que fueron ídolos de sus clubes y de la selección en algunos casos, pero que luego que se retiraron fueron olvidados y sólo reaparecen cada tanto para un homenaje o cuando hay que criticar a algún técnico (cuando los periodistas no se animan a criticar llaman a un ex futbolista para que diga lo que ellos no pueden decir). El caso de Maradona es distinto. “El gordismo es adicto a las cámaras, a los micrófonos. Lo que no sucede en la realidad virtual, no tiene peso ni merece ser vivido”. Maradona es un mito no sólo por lo que significó como jugador. El gordismo se alimenta de los malos momentos, sino recordemos: doping positivo por cocaína en 1991 cuando jugaba para el Napoli, 15 meses de suspensión; doping positivo en el Mundial de Estados Unidos por efedrina, es eliminado de la competencia ( “juro por mis hijas Dalma y Giannina que no me drogué”, “me cortaron las piernas”); en 2001 se retira del fútbol en un partido homenaje en la cancha de Boca (“yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”); en 2005 es internado y casi se muere, luego aparece en el programa de Susana Giménez y en el de Tinelli con más de cien kilos (aquí no puede rescatarse ninguna frase ya que no podía articular dos palabras seguidas); en 2006 se hace un by pass gástrico en Colombia y vuelve a primera escena con un programa de televisión llamado “La noche del diez”. Podríamos agregarle a esta historia de película (mucho más taquillera que la mencionada hasta el hartazgo vida de película de Palermo) una posible eliminación de la carrera hacia el Mundial, con o sin repechaje, y me es difícil afirmar si el público lo seguiría acompañando.

En este contexto la selección argentina juega pésimo y resulta imposible imaginar una victoria frente al equipo charrúa. Amistosos inexplicables como los que se jugaron ante Panamá y Gahna, sólo ahora encuentran explicación ya que podrían haber servido como simulacro de repechaje frente a selecciones de bajo nivel. Pedirle a la selección que juegue bien, sabemos, es un oxímoron, algo así como pedirle a Riquelme que se ría cuando juega al fútbol, pedirle al Ogro Fabbiani que corra, o pedirle a Messi que esquive a los jugadores uruguayos como si fueran defensores de Getafe (o que cante el himno). Ante este panorama sólo nos queda ver qué pasa, seguir creyendo en los milagros y wait for the Mundial. ¡Ojalá!

domingo, 11 de octubre de 2009

Rezale a San Palermo


Cuando faltaban diez minutos para que terminara el partido entre la selección Argentina y Perú poco valían los comentarios de los miles de espectadores que habían concurrido al Monumental y que vaticinaban una goleada. Ya se había largado la tormenta cuando se cortó la señal. Estaba con mi amigo JD en su departamento del barrio de Vicente López. "Voy a prender la radio", dijo JD. La verdad que no suelo escuchar partidos por radio, estoy más acostumbrado al codificador y desde hace un tiempo a los relatos de Araujo por Canal 7. Estábamos sentados en la cama contando los minutos para que terminara el partido. La imagen me hacía recordar esa publicidad de no me acuerdo que marca (probablemente Coca Cola o Quilmes) en la que se cortaba la luz de toda una ciudad durante la transmisión de un partido y un vagabundo con una radio portátil era el único que quedaba siguiendo el partido en la calle. En ese momento el relator de Radio Mitre gritó el gol de Perú. Sinceramente no lo podía creer. Uno puede imaginarse cualquier catástrofe de esta selección, como la vuelta de Aimar, la convocatoria del Flaco Schiavi, un partido decisivo con tres debutantes, un 11 jugando de 4, un técnico cuya máxima adicción es el micrófono... ¡pero nunca la posibilidad de empatar de local con Perú y quedar afuera del Mundial! La radio siguió sonando de fondo y nos fuimos al living. La señal de televisión todavía no había regresado pero no importaba que volviera, no había nada que ver. Estábamos sentados y ninguno trataba de explicar lo que estaba sucediendo. JD tenía la cabeza caída y se tapaba la cara con las dos manos. De golpe éramos el vagabundo escuchando el partido con una radio portátil en una ciudad desierta, una ciudad sin esperanzas mientras Maradona le rezaba a anda a saber qué santo.

La selección argentina jugó un pésimo partido. El técnico parece no tener la suficiente experiencia para semejante puesto. No tiene sentido ponerse a defenestrar a quien posiblemente haya sido el máximo ídolo argentino. Pero es innegable que no tiene la suficiente experiencia como para manejar un grupo, plantear un partido tácticamente, crear una identidad de juego, darle tranquilidad a sus jugadores, etc. Más allá de que el rival era Perú y hasta con la quinta de Tristán Suarez le ganabas, el equipo estaba mal armado desde el principio. La dupla central sólo es digna de un cuento de Fontanarrosa: un jugador que debuta en la selección a los treinta y seis años y otro que cuando patea la pelota (si es que no le erra) se cae al piso. Además el técnico se da el gusto de hacer debutar a tres jugadores en un partido decisivo: Enzo Pérez, quien la rompe en Estudiantes pero al que naturalmente le pesa la celeste y blanca aún, Emiliano Insúa idem y el "Pipita" Higuaín, único acierto del técnico a quien tuviese que haber llamado antes y no estaríamos en esta situación. Probablemente todos nos ilusionamos con la inclusión de Aimar en el once titular, pero no podemos esperar nada de un tipo que desde que se fue de River se las pasó en la enfermería de todos los equipos europeos en los que estuvo. Magistral pase a Higuaín en el primer tiempo y nada más. En el segundo tiempo fue remplazado por Federico Insúa, una incoherencia terrible si se piensa que el "Pocho" es el volante por izquierda de Boca y que el titular en la posición de enganche es Riquelme. No tengo ganas de darle más vueltas a la novela Riquelme-Maradona, pero este dato resulta irrisorio. Además el técnico ha demostrado con los meses que se busca los problemas solo. La amenaza de renuncia entes del partido, así como estuvo el conflicto por la cancha antes del partido con Brasil, o la discusión sobre si se puede jugar en la altura antes del partido con Bolivia, son todos elementos que obstaculizaron cada partido de eliminatorias que jugó la selección.

Sólo el sonido de fondo de la radio ocultaba el silencio y la desazón que había en el ambiente. Nadie en la habitación le estaba prestando atención al relato de lo que inevitablemente iba a ser una derrota. Los comentarios sobre el partido y las críticas al técnico no parecían importarle a nadie. De golpe se escuchó un grito. "Gooooooooooooooool", gritó el relator de Radio Mitre. No lo podíamos creer. Saltamos y nos abrazamos con mi amigo JD. Era gol de Palermo y lo gritamos bien fuerte para asegurarnos de que todos en el barrio se enteraran de la noticia.

jueves, 8 de octubre de 2009

Wilco (The Album)


Hace no mucho tiempo llegó a mis manos un disco de una banda americana cuyo nombre jamás había escuchado en mi vida. En verdad, debo admitir que, dado los tiempos en que vivimos, la cosa sucedió de otra manera. Estaba mirando blogs cuando, de repente… “¡cucu!”, había un mensaje en la computadora. “Manu, bajáte un disco de Wilco”, decía el mensaje de mi amigo JD. “Ok, ahora lo bajo”, respondí. El disco era Yankee Hotel Foxtrot, que bajé y me puse a escuchar mientras intentaba dormirme, propósito que no logré por un buen rato ya que el disco me quitó todo el sueño que tenía. De todos modos, el disco del que quiero hablar es Wilco (The Album), último disco de la banda que bajé al poco tiempo de esto.

Wilco nació en 1994 tras la disolución de Uncle Tupelo, banda que integraba el cantante, guitarrista y compositor Jeff Tweedy. Los otros músicos que conformaron Wilco en aquellos tempranos noventas en la ciudad de Chicago fueron el bajista John Stirrat, el baterista Ken Coomer y el multi-instrumentista Max Johnston. Más tarde se incorporaría a la banda el guitarrista Jay Bennet. Los primeros discos de la banda tuvieron un tinte country y pop más marcado con influencias como Bob Dylan o Neil Young. Luego se fueron metiendo en una búsqueda más experimental hasta llegar al disco Yankee Hotel Foxtrot que suena mucho más volado y cercano a Radiohead. Este fue el disco más vendido de la banda.

El disco Wilco (The Album) me recuerda más a George Harrison. De hecho cuando escuché por primera vez la banda jamás pensé que fuera americana. El cantante, Jeff Tweedy, tiene un acento inglés muy marcado, aunque no tan refinado, un poco así como el que tenían Lennon y Harrison. El tema que abre el disco se titula “Wilco (The Song)". Con un sonido bien rockero y un despliegue de guitarras impresionante, la letra va dirigida directamente al público. Yo creo que toda banda que quiera llegar a algo tiene que tener una canción en la que apele a un “nosotros” o al menos a un “ustedes”, más allá de que algunos abusen de este recurso. Una parte de la canción dice:

Is someone twisting a knife in your back?
Are you being attacked
Oh, this is a fact
That you need to know
Oh, oh, Wilco
Wilco will love you, baby

El mensaje es: bueno, ya sé que está todo mal, pero te amamos, che, estamos con vos (¡si nos comprás el disco!). El segundo tema del disco, Deeper down, es una balada con ciertos aires beatle de la época de Sargent Pepper o Magical Mistery Tour, especialmente en la parte instrumental que recuerda a “Fool on the hill” o a las primeras épocas de Génesis. El disco tiene algunas canciones de amor (¡qué disco no las tiene!) bastante buenas como “One wing” o “You and I” (la entrada de batería me recuerda a “Glass Onion”). Otro tema en el que la banda se dirige directamente al público es en “You never know”. La canción recuerda al Harrison de All things must pass, y el solo de guitarra no puede dejar de compararse con el de “My sweet lord”, del mismo disco del ex beatle. El mensaje se dirige a las nuevas generaciones:

Come on, children
You’re acting like children
Every generation thinks
It’s the end of the world

El disco no podría cerrar de otra manera. Siempre digo que los discos son diferentes a las presentaciones en vivo. Los recitales deben terminar bien arriba para romperle la cabeza al público y que sienta que escuchó todo. Salvo que seas Spinetta que es capaz de cerrarte con “Laura va” y dejarte tirado en el piso. Los discos, pienso, deben empezar arriba (aunque es cuestión de gustos), pero los mejores discos terminan abajo. Escuchen cualquier disco de Charly García, de Spinetta, de los Beatles y van a ver que siempre se cumple esta regla. Wilco cumple la regla a la perfección. Abre con el enérgico “Wilco (The Song)" y cierra con Everlasting, una canción que dice que todo lo que nace, muere:

Everything alive must die
Every built to the sky will fall
Don’t try to tell me my
Everlasting love is a lie

Les recomiendo que se bajen el disco. A mí me lo recomendó mi amigo JD y no se equivocó. Espero no haber abusado de las comparaciones con Los Beatles (creo que lo hice), todos roban de ahí, la cuestión como dice Charly García es saber cómo robar. Wilco lo hace muy bien. Dejo para que escuchen el clip de "Jesus, etc" una canción del disco Yankee Hotel Foxtrot.

martes, 6 de octubre de 2009

De barrabravas, optimistas y románticos


La imagen es increíble, el arquero de Vélez despeja una pelota que para su desgracia va a parar justo a la cabeza de Martín Palermo. El goleador que no tiene tiempo ni para sorprenderse coloca la frente justo como para que la pelota recorra cuarenta metros y se estampe contra la red. Vuela la camiseta, Riquelme corre los veinte metros que lo separan de Palermo (y algunos más si pensamos en su mala relación con el 9), salta sobre su espalda, lo abraza del cuello mientras la hinchada delira y se suman al festejo el resto de los jugadores.

La historia empieza algunas horas antes y de manera no tan feliz. Me encuentro con mi amigo JD y su hermano para ir a la cancha. Mi amigo se llama Juan Diego pero a mí me gusta decirle JD en alusión a JR el gran diez de Boca. De todos modos mi amigo JD no la ve ni cuadrada. Como no tenemos entrada decidimos comprar una reventa. Es sabido el enorme negocio que gira alrededor del fútbol y, en este caso específico, de los llamados barrabravas. Reventa de entradas, estacionamiento, puesto de choripán, etc. Por no mencionar los favores políticos. Decidimos esperar a aproximarnos al estadio aunque varias cuadras antes ya se acercan pibes con remera y gorrita de Boca ofreciendo entradas. ¿De dónde sacan las entradas estos?, es la pregunta que se hace todo el mundo, o al menos yo sí tengo en consideración que no todos piensan como yo. Resulta imposible imaginar que una sola persona pueda hacer cincuenta veces la cola para conseguir el fajo de entradas que llevan estos pibes. Ya cerca del estadio se acerca un gordo con la casaca suplente de Boca. "¡Populares!", grita el muchacho que nos ofrece tres entradas por ciento cincuenta pesos. Dudamos un rato tímidamente porque no es fácil plantarse ante media barra de Boca, claro. "Son verdaderas", dice el muchacho ante nuestro titubeo y raspa la entrada con la uña. "No es fotocopia, mira como raspa", dice. Le entregamos el dinero y encaramos hacia el estadio. Estamos por entrar cuando mi amigo JD dice: "¡Son falsas, boludo!". ¿Cómo? ¿Falsas? ¿Qué? "¡Nos encajaron entradas de la Copa Sudamericana, la puta madre!". Mi amigo JD tiene razón. No hace falta contar como nos rebotaron las entradas y nos las tuvimos que meter en el orto. Simplemente agradecer al señor que se apiadó de nosotros y nos hizo una oferta de tres entradas por ochenta pesos que pagamos hasta con la última moneda que nos quedaba. "Si la gente deja de venir por estas cosas yo me muero de hambre", dijo el buen hombre. "¡Fijáte que no sean de la Recopa 98!", me dijo JD antes de partir nuevamente hacia el estadio.

Ya adentro del estadio la historia fue más feliz aunque acompañada de un sufrimiento en otra época desconocido para los boquenses. Boca tiene una defensa muy por debajo de su historia. El pobre Negro Ibarra (pensar que alguna vez pasaba al ataque) ya no puede correr y si quiere ser generoso con su gran carrera e historia en el club debería colgar los botines. Paletta pone, corre y todo lo que quieras, pero le deja una pelota servida a Caruso para que nos meta el segundo gol de Vélez. Además hizo por lo menos tres faltas en el segundo tiempo que pudiesen haber acabado con la alegría boquense. Rosada se las pasó todo el partido corriendo a los jugadores de Vélez con la curiosidad de que nunca pudo sacarles la pelota. Pero para alegría de los xeneizes todavía juegan en Boca Battaglia, Riquelme y Palermo. El 5 empató el partido en el primer tiempo con un cabezazo luego de un centro de Insúa, otro que juega acorde a la historia del club. Riquelme la rompió, teniendo en cuenta que jugó todo el partido roto, y apareció en los momentos que tenía que aparecer para clavar un golazo desde afuera del área y darle la tranquilidad que le falta a este equipo. Palermo no deja de sorprender, ya la metió con los dos pies en aquel penal, con los ligamentos rotos, de mitad de cancha y ahora… ¡clava un cabezazo desde cuarenta metros el hijo de puta!
Acá les dejo el increíble gol de Palermo casi desde mitad de cancha. El gol de cabeza desde mayor distancia de la historia.