lunes, 1 de febrero de 2010

UN RECITAL DE PEDRO AZNAR, LA LUNA MÁS GRANDE DEL AÑO EN EL PLANETARIO Y OTRAS YERBAS


El calor de Buenos Aires en verano es insoportable. Las partículas de agua invisibles que giran por el aire se pegan a la piel así como en invierno el frío cala hondo los huesos (como diría Fogwill). El viernes pasado tocaba Pedro Aznar en Costanera Sur, un hermoso anfiteatro al mejor estilo griego rodeado de las torres más selectas de la ciudad. Me encontré con Simón y el Mono frente a la Facultad de Ingeniería y nos adentramos por las calles de San Telmo para comer (y tomar) algo. La previa consistió en unos sándwiches de queso y mortadela y unas cervezas. Hicimos las compras en un chino y nos sentamos en la vereda. No pasaban muchos autos por la Avenida Independencia. Mientras comíamos se hizo de noche sin que nos diéramos cuenta, aunque decir esto sea una redundancia. ¿Acaso alguien se dio cuenta alguna vez del momento exacto en que se hace de noche? En un momento un tipo ató a su perro (que no parecía muy amigable) a un árbol que estaba detrás mío y entró al supermercado. Simón y el Mono discutieron brevemente si convidarle un pedazo de mortadela al animal. A mí más bien me pareció que tenía ganas de comer a uno de nosotros y yo era el que estaba más cerca, así que me corrí unos metros solo por las dudas. Finalmente no le convidaron. Después de cenar empezamos a bajar hacia Puerto Madero donde iba a realizarse el recital. En el camino nos cruzamos a dos policías que revisaban a unos tipos. Estaban contra la pared. Uno de los hombres trataba de disuadir a los policías: no tengo droga, te lo juro, yo ya estoy re quemado, dijo. El policía no pareció creerle. El paco hace mal, no te drogues, flaco, dijo.
Cuando llegamos al anfiteatro nos sorprendimos de la enorme cantidad de gente que había. Enseguida me di cuenta de que la gran mayoría jamás pagaría una entrada para ver a Aznar. Nos sentamos al fondo donde prevalecían las familias. Había una señora muy gorda que se le colgaban los chicos como si fueran cachorros. Empezó el recital y nos fuimos para adelante. Simón desapareció, o eso creí, después me daría cuenta que solo estaba unos metros a mi derecha. Me quedé unos metros delante de la torre de sonido. Las primeras canciones me gustaron, aunque a medida que fue pasando el show me fui desencantando. En “Alcira y la torre” hizo un solo impresionante de bajo que me recordó a la época de Serú Girán. Fue la parte más emotiva del show. Tampoco faltaron los hits. Hizo “Tu amor”, “Si me das tu amor”, “Ya no hay forma de pedir perdón”, entre otras. En más de una ocasión Pedro intentó que el público lo siguiera, aunque solo se escuchó un breve murmullo. De todas formas, el público tenía ganas de divertirse y lo aplaudió tanto que tuvo que salir dos veces para hacer los bises. Uno de esos bises fue una versión espectacular de “While my guitar gently wheeps” que hizo con una guitarra acústica de doce cuerdas. No me acuerdo con cuál canción cerró definitivamente el show.
Cuando nos íbamos un tipo que había ido al recital empezó a cantar algunos cánticos de hinchada. No se entendía mucho lo que decía y parecía estar completamente borracho. Lo único que pude entender es: “vamooo… Redooo…”. O algo así. Supuse que sería un fanático de los Redondos, si bien existía una posibilidad que fuera admirador del ex futbolista Fernando Redondo. Aunque lo descarté enseguida. En ese momento empezamos una discusión acerca de los seguidores de la banda del Indio Solari. Bajando la voz lo más posible cosa que no me escuchara el tipo que cantaba dije que no entendía a los fanáticos de los Redondos. ¿Por qué un tipo se emborracha, va a un recital de Aznar y empieza a cantar “vamoo…vamooo… lo Redooo”? ¿Tiene alguna explicación? Simón dijo que no todos los seguidores de los Redondos eran iguales, algunos eran personas inteligentes que leen a Marx y Engels y creen en la revolución. En ese momento nos dimos cuenta que el tipo que hacía canticos alabando a los Redondos era el mismo tipo que habíamos visto en San Telmo mientras los policías lo revisaban. Efectivamente tenía razón, estaba quemado.
Ahí fue que el Mono dijo que iban a abrir el Planetario para que el público pudiera ver la luna (esa noche la luna alcanzaba su tamaño más grande en el año) y las estrellas. Llamó a un amigo suyo que estaba ahí y le preguntó si era gratis. Como era gratarola no lo dudamos. Caminamos por el canal de Puerto Madero hasta Retiro y ahí nos tomamos un colectivo que nos llevó hasta Plaza Italia. Hicimos un breve descanso en el zoológico. El Mono estudia zoología así que mientras Simón y yo descansábamos se asomaba a través de las rejas a ver si veía algún animal. No pudo ver nada, estaban todos en sus jaulas. Cuando llegamos al Planetario nos sorprendimos de la cantidad de gente que había. Había una cola larguísima que salía del centro astronómico. La demás gente estaba sentada en el pasto dispersa en pequeños grupos. Había unos que estaban haciendo malabares con fuego. El amigo del Mono ya se había ido. Me acuerdo que miré hacia el cielo y vi la misma luna que veo siempre. ¿Cómo esto puede reunir tanta gente?, pensé. Fuimos y nos pusimos al final de la cola. Había un señor de unos cincuenta años con su hijo. Nos preguntó si era gratis. Claro, sino no habría tanta gente, le dije. El hombre esbozó una pequeña sonrisa. Qué extraña clase de gente, pensé. No sabía que había gente que llevaba a sus hijos a las dos de la mañana a mirar la luna. Hice una vista panorámica del lugar y me encontré con una enorme cantidad de chicos. Simón se había aproximado al Planetario, donde comenzaba la cola, para ver de qué se trataba la cosa. En ese momento miré al cielo y noté que estaba llenándose de nubes. Voy para adelante, le dije al Mono. Cuando empecé a caminar hacia el centro astronómico una voz empezó a decir algo a través de un micrófono. El hombre le agradeció a la gente que había ido desde temprano, dijo que habían pasado más de cuatro mil quinientas personas, mencionó los horarios y los días en que estaban abiertos, y finalmente dijo que iban a tener que cerrar. La cola se deshizo rápidamente. Algunos pocos se dispersaron, aunque la gran mayoría se amontonó alrededor del hombre del micrófono. Una señora se quejaba en nombre de la multitud. Como puede ser que cierren así, hace cuatro horas que estamos haciendo cola, dijo la señora. La señora había ido desde Merlo con toda la familia. El hombre le explicaba que las condiciones climáticas obligaban a que cerraran. Pero la señora no quería entender. Entonces el señor del micrófono le dijo: haga un ejercicio señora, LEVANTE LA CABEZA Y MIRÉ PARA ARRIBA. Yo hice el ejercicio. El cielo estaba cubierto de nubes. En el horizonte se veían algunos relámpagos. La luna no se veía en ningún lado. Se había ido. ¿Y por qué no esperan a que se vayan las nubes?, dijo la señora.
Entonces apareció Simón. Se estaba riendo. ¿Qué pasa?, le dije. Nos cagaron, dijo, nunca íbamos a poder entrar al Planetario. ¿Cómo que no? ¿Para qué era la cola?, le dije. La cola es para mirar a través de los telescopios esos, dijo. Me giré y había tres telescopios, dos muy pequeños y uno un poco más grande pero que no se comparaba con la idea de entrar al Planetario. Tuve ganas de ir a quejarme con la señora ante el hombre del micrófono, pero Simón me dijo que vayamos a sentarnos donde estaban los que hacían malabares con fuego. Nos sentamos y empezamos a hablar del gran significado que tenía el Planetario en nuestra infancia. Cuando era chico e iba a la ciudad a visitar a mis abuelos siempre pasaba por este lugar. Para mí la ciudad era eso, el Planetario y la casa de mis abuelos. No conocía mucho más. El zoológico tal vez, pero no mucho más. Les conté que yo había entrado una vez cuando estaba en la primaria en una excursión con el colegio. Nos habían pasado un film proyectado en el techo donde nos mostraban las constelaciones. El Mono también había ido. Yo nunca entré, dijo Simón. Se sentía defraudado por no haber podido entrar ahora. ¿Cómo era que no habíamos podido entrar? De alguna forma, no me explico cómo, terminamos hablando de Galileo Galilei. Simón decía que lo habían matado en la hoguera. Yo estaba seguro que no había sido Galileo el de la hoguera. No me acuerdo de qué lado se puso el Mono. Tal vez no quiso tomar partido por ninguno. Galileo decía que la tierra giraba alrededor del sol pero después negó todo, dije yo. Ese fue Copérnico, dijo Simón. Cerca de donde estábamos había dos personas. Pregúntale a él, dijo Simón en tono desafiante señalando a uno de ellos. Tenía la barba un poco crecida y estaba sin remera. Su amigo estaba acostado sobre una mochila. No se le veía la cara. Entonces me acerqué y le pregunté si había sido Galileo el que habían matado en la hoguera. Estoy casi seguro que no, dijo el barbudo. Su amigo pareció darle la razón, aunque no se le entendió mucho, se estaba quedando dormido. Pará que le pregunto a Diego, dijo. Se levantó y fue hacia el lugar donde antes habían discutido la señora y el hombre del micrófono. El hombre del micrófono era Diego. Al poco rato volvió y dijo que no le había preguntado porque había mucha gente y le había dado vergüenza. Se sentó y nos empezó a contar que él había hecho cursos en el Planetario. Diego era uno de los profesores, el otro se llamaba Mariano. Contó que hacían esto como hobbie, que tenían otros trabajos. Y encima se tienen que bancar que venga una pelotuda y les diga que se queden mirando las nubes, dijo el barbudo. Siguió explicando, especialmente al Mono que parecía muy interesado en la materia, sobre los temas que trataban en los cursos. El que daba Mariano se llamaba “Observación del cielo”. Básicamente consistía en ir al Planetario y mirar el cielo. Una joda, pensé. En cierto momento, no me explico cómo, Simón empezó a hablar de la película “Home alone”, que en castellano se titula “Mi pobre angelito”. En este caso la discusión era si era la uno o la dos la que Kevin se equivocaba de avión y se iba a Nueva York. Como no nos poníamos de acuerdo Simón dijo que le preguntáramos al barbudo. En ese entonces descubrimos que el barbudo además de ser especialista en astronomía era un especialista en cine. Especialmente en cine infantil. Esta vez no necesitó consultarlo con Diego. Estaba seguro que era la dos. Después dio cátedra sobre toda la zaga de Querida, encogí a los niños e Indiana Jones. Fue entonces que Mariano, el profesor, paso caminando por al lado nuestro. Simón se levantó y fue corriendo a preguntarle si había sido Galileo el de la hoguera. Al rato volvió y nos contó con lujo y detalle lo que le había contado Mariano. Yo tenía razón al final, no era Galileo el de la hoguera. A Galileo lo condenaron por un libro que publicó y murió en prisión. El de la hoguera era Giordano Bruno. Galileo había negado toda la historia de la tierra que giraba alrededor del sol. Por otro lado Copérnico había esperado a estar en su lecho de muerte para publicar los estudios sobre el tema.
En ese momento se levantó un fuerte viento. El barbudo recordó que no había cerrado las ventanas de su cuarto. Su amigo que se despertó en ese momento tampoco las había cerrado. Nos despedimos de nuestro amigo especialista en astronomía y cine y le dijimos que tal vez íbamos a hacer un curso, a lo que nos respondió que no lo dudemos, que no nos íbamos a arrepentir. Cuando nos íbamos me puse a pensar y me di cuenta que había un montón de estudiosos de las estrellas, pero que no había una escuela que estudiara las formas de las nubes así como hay gente que estudia las constelaciones. Les conté mi preocupación a mis amigos que no dudaron en apoyar mi propuesta entonces nos pusimos a analizar las formas de las nubes. Miren, esa tiene forma de perro, dijo el Mono. Miré hacia arriba y pude observar con claridad las dos orejas paradas del perrito. Es verdad, dijo Simón. Después aceleramos nuestro paso porque se venía una tormenta.

7 comentarios:

flandorsio dijo...

Yo también estuve en el recital. Me pasó lo mismo que a vos, empezó muy bien y después fue decayendo.
No tenía idea de lo del planetario, sino hubiese ido.

NACHO dijo...

Buenísimos los últimos 5 posts. Los anteriores también, pero ya los había leído.
Con el de los parecidos me recontracagué de la risa.

A Pedro Aznar lo vot a ver desde la época de "Contemplación". Menudo instrumentista (toca 22 instrumentos, hasta lo escuché como "estiquista") y GRAN pero GRAN voz.
Las últimas veces que lo ví se repitió un poco, pero siempre da gusto escuchar a un músico tan fino, sin dudas, de los mejores que tenemos.

Una vez se le cayó el micrófono que va agarrado al cinturón y dijo: "Uy, se me cayó...el walkman" y de la tribuna respondieron "Ese es tu walkman? Qué moderno que es...". Todo el teatro se vino abajo de la risa.

facu dijo...

manu, como andas?
llegue a leer unicamente el post de aznar y el planetario.
andan de paseo por la noche porteña, me parece muy bien.

yo aca en valparaiso, con axel. recorriendo mucho.
una ciudad muy linda la verdad.
no se como no tuviste ganas de hacer ningun viaje este verano.

aca la gente chilena la verdad que muy amable, hoy unos santiaguinos nos invitaron un asado, y unos piscolas en las docas, unas playas aca a 1 hora de valparaiso hacia el sur.

vuelvo el sabado asi que esperenme con un asadito. te mando un abrazo grande.
y no te olvides nunca que el anacoreta es impermeable.
saludos.
facu

Valèrie dijo...

¿Acaso alguien se dio cuenta alguna vez del momento exacto en que se hace de noche? Yo sí. Te paso la fórmula: tirate a leer un libro debajo de un árbol preferentemente en un patio o parque y a medida que la luz se vaya apagando te vas a dar cuenta del momento exacto cuando ya no puedas leer más :P

Qué lindo tener recitales cada dos por tres, esa es una de las ventajas de vivir en Capital. Pero lo del calor lo comparto al cien por ciento, me imagino que si en Rosario es bastante más pesado que en mi ciudad natal (que es casi un pueblo), en Buenos Aires debe ser insoportable. Quiero que ya mismo llegue el invierno!

Con respecto a Los Redondos se que existen ciertos prejuicios sobre los seguidores y creo que pasa porque desde que la banda se popularizó tanto tras Oktubre…el público se masificó y muchos jóvenes que no entienden un comino lo que quiso decir el Indio con sus letras lo siguen porque se sienten identificados con ese matiz revolucionario. En sus comienzos más primitivos, en las épocas de La Cofradía de la Flor Solar…su música era más bien para otro tipo de público, algo más…intelectual quizás. Creo que hoy en día los que admiramos la trayectoria del Indio estamos divididos en dos grupos. A mi me interesa mucho porque Solari me parece un tipo super enigmático e inteligente. Me resulta muy divertido ponerme a analizar las letras y leer las variadísimas interpretaciones que andan dando vuelta por la web…interpretaciones de personas que realmente se sientan a pensar y están al tanto de sucesos históricos, políticos y culturales que no todos son capaces de captar en el trasfondo de las letras redonditas. Pero bueno, cada cual con sus gustos.

Sí, el de la hoguera era Giordano Bruno :P Se que Galileo se retractó porque leí su discurso en un texto de Filosofía…pero no sabía que había muerto en prisión.

Yo nunca fui al Planetario de Rosario =( es algo que tengo pendiente. Pero a la luna brillante del otro día la pude disfrutar viajando en auto y escuchando los Beatles…

Con respecto al Curso de Observación del Cielo…tengo una amiga que este año estuvo dictando uno con uno de sus profesores en la facultad de Filosofía. Yo estuve a punto de asistir a una de las clases pero tardé en terminar un parcial en mi facultad y cuando llegué a la de Humanidades ya lo habían terminado =( Espero hacerlo este año porque debe ser re interesante, aprendés mucho sobre las constelaciones y por ahí está bueno tirarse a mirar el cielo, al menos a mi me encanta.

Te dejo un beso Manu, y con respecto a tus gustos floydianos te comento que a mí también me encanta The Piper…pero también me gusta lo que vino después de Syd. Aunque admito que Syd tenía un brillo especial y obviamente tras su partida la banda cambió radicalmente y se alejó de esa psicodelia tan inquietante y exquisita.

*Mariposita* dijo...

pucha. Me encanto tu lugar... nada mas que decir (por ahora) Solo:
le mando saludos y que ande bien..

vaL dijo...

Sí, Amnesiac es genial :)

Anónimo dijo...

LLEGUE DE CASUALIDAD AQUÍ, ESTA BUENO TU BLOG AMIGO. CONSTRUCTIVAMENTE SI FUESE UN TOQUE MAS CORTO, O IGUAL DE EXTENSO PERO MAS SINTETICO CONCEPTUALMENTE SERIA AUN MEJOR. DE TODAS FORMAS FELICITACCIONE