sábado, 20 de marzo de 2010

CHARLY GARCÍA EN EL LUNA PARK


El último verso cantado en un disco de los Beatles dice: “El amor que recibirás será igual al que hayas dado”. La mayoría de las veces esto no se cumple. Pero en el caso de Charly García ese amor que nos brindó en forma de canción durante las últimas cuatro décadas parece coincidir plenamente con la frase que canta Paul McCartney en “The End”. El público no olvida aunque él nos diga que “todo el mundo quiere olvidar”. En esta vuelta del hombre de bigote bicolor (“el hombre que volvió de la muerte”, diría Clarín) cada presencia, cada aplauso, cada arenga conlleva un agradecimiento a la carrera de tal vez el artista que mejor haya pintado la realidad argentina de los 70’ para acá, además de haber acompañado el crecimiento de tantas personas siendo una especie de musicalizador de nuestras vidas. ¿Quién no se sintió identificado alguna vez con una canción de García y creyó que había sido especialmente escrita para él? Todos recuerdan la primera vez que pusieron un disco de García, probablemente uno de Sui Generis o Serú Girán, porque ese momento seguramente marcó un antes y un después en sus vidas. Yo todavía recuerdo la primera vez que mi hermano puso un compilado de Serú Girán. Fue a fines de los 90’ y por un tiempo creí que “No llores por mí Argentina” era parte de la película de Antonio Banderas y Madonna. Me acuerdo que mis favoritos eran “Seminare” y “Peperina”, que siempre pasaba “La vereda del sol” y “José Mercado”, que tardé un tiempo en entender esa cosa rara llamada “Eiti Leda”, que confundía el bajo fretless con la guitarra y la guitarra con los solos de Mini Moog. En fin, más de uno habrá sido atrapado por la red de las melodías sanadoras de García aunque él diga que “no hay que pescar dos peces con la misma red”.
Creo que ninguna de las personas que asistieron al Luna Park estaban preocupadas en si aún puede cantar, si todavía puede tocar el piano, si baila como Leo García en “Morrisey” moviendo los brazos de lado a lado (creo que es en “Estoy verde”), si le sale imitar a Mick Jagger o si le quedan “pilas” para seguir tocando. Seguramente hay un montón de personas que se detienen a pensar estas cosas, que lo ven por TV y dicen que no da más, que hablan de su panza, de que habla lento, que esta drogui, que le cuesta pronunciar las palabras, que no le queda voz, pero el público que lo siguió hasta el Luna Park no parecía interesado en esas cuestiones. Había gente de todas las edades, más de una generación y el clima era más expectante que otra cosa.
Si bien el show en el Luna Park tuvo muy pocos cambios con respecto al que hizo en Vélez y que viene repitiendo en su gira por Latinoamérica, se nota que esta versión de Charly es mucho mejor que la de octubre. Se lo ve mucho más suelto en el escenario, sus movimientos no son tan lentos y robóticos, y hasta se anima a correr de un lado a otro del escenario. Canta mucho mejor, en Vélez se notó que en varios pasajes apenas balbuceaba y hoy su voz volvió a recobrar la fuerza que tuvo en otra época. Sorprendieron las versiones power de “Demoliendo hoteles”, “Cerca de la revolución” y “Rock n’roll yo”. Si todavía se le puede pedir algo a García, seguramente está en el sentimiento del fanático volver a ver sus dedos flacos acariciar las teclas del piano con la magia y destreza de otrora. Es raro ir a un recital de Charly sin que haya una sección de piano en solitario donde haga “Desarma y sangra”, “Cinema Verite”, “Sereno y fantástico”, “Happy and real” o se mande con alguna improvisación como solía hacer antes.
Debe haber alguna cosa rara, algún maleficio o magnetismo extraño, entre Say no more y la lluvia porque últimamente cada vez que toca Charly llueve. ¿Será que Say no more es impermeable? Esta vez la lluvia torrencial no impidió que el show se desarrolle con normalidad. La puesta en escena de Pichón Baldinú (del grupo De la Guarda) fue impecable. Todos se preguntaban que carajo eran todos esos cables que atravesaban el estadio o esos mantos enormes que cubrían el escenario antes de que empezara el recital. Cuando sonaron los primeros acordes de “Operación densa” la sombra de una bailarina se vio proyectada sobre el telón blanco. Las mantas enormes cayeron para tranquilidad de la gente que estaba en la popular y creía que no iba a ver nada, y unos personajes vestidos con unos trajes grises que parecían salidos de una película de David Lynch aparecieron sobre el escenario. Esos personajes tenebrosos resultaron ser el elenco de músicos que acompaña a García. Los primeros golpes de redoblante marcaron el comienzo de “Demoliendo hoteles” y enseguida apareció Charly corriendo cual Mick Jagger. Luego de algunos temas bien arriba comenzaron a sonar los aplausos eléctricos que marcan el tempo de “No soy un extraño”, un andamio descendió sobre el centro del escenario y Charly (con cinturón bien ajustado) se elevó para cantar la canción que dice: “los carceleros de la humanidad no me atraparán dos veces con la misma red”. Hay letras de su repertorio que parecen reignificarse en este momento de su vida como en esa frase de “No soy un extraño” o en “Estoy verde”. Ambas gemas donde uno no puede dejar de imaginarse al artista encerrado en la celda de un loquero o atado a una camilla como se lo vio en esas imágenes horribles que mostró la televisión. Por eso Charly se esfuerza en hacer gestos con las manos, tal vez en un intento de que las letras se entiendan bien. Todavía hay un mundo que quiere que comprendamos mejor y sus canciones son la mejor forma de transmitirnos esos conocimientos.
El primr invitado fue León Gieco. Hizo “Los salieris de Charly” al que el público respondió con fervor. García se limitó a tocar algunos acordes en el piano y cantar algunas estrofas y hasta en una parte donde la canción dice “le robamos melodías a él” Charly bromeó preguntando: “¿a mí?”, un gesto que recordó a sus épocas más lúcidas en la que cada comentario era una genialidad. Cuando León ya se iba aplaudido por la audiencia, Charly lo frenó e improvisaron una versión de “El fantasma de Canterville”. Antes Charly contó que la primera vez que habían tocado esa canción había sido en aquel Festival del Amor que brindó junto a sus amigos en 1977 en ese mismo escenario. Fue gracioso como parafraseó la letra diciendo “y en mi tumba tengo merca” en vez de “en mi tumba tengo perros”. Marca la presencia de un García despierto y jocoso como el de antaño. Otro mensaje relacionado con las drogas fue en “Rap del exilio” cuando bromeó diciendo “está hablando del faso” luego de la primera línea de la letra: “Tuve un amor en Paraguay/una flor que se quemó mal”.
Otros momentos del recital que sorprendieron fueron la puesta en escena de “Pasajera en trance” donde dos bailarinas danzaron en lo alto del escenario, sujetadas por arneses a unos cables que atravesaban todo el estadio, y se perdieron en lo alto del Luna Park; o la presencia de Pedro Aznar para hacer “Perro andaluz” (gran solo de fretless) y “Seminare”. También García se dio el gusto de presentar un tema nuevo. Se llama “La medicina” y es bien stone en sintonía con las canciones de su último disco editado, Rock n’roll yo. Tan nuevo era que tuvo que colocar un machete sobre el piano para no olvidarse la letra, y fue acompañado por una dedicatoria especial a todos los que piensan que está muerto. “Que se vayan a la concha de su madre”, dijo el bicolor. ¿Hace falta más para afirmar que sigue siendo el mismo de otras épocas?
La banda suena de puta madre. Seguro que es la mejor que tuvo en veinte años. El “Zorrito” Von Quintiero e Hilda Lizarazu son los mejores salvavidas que puede tener sobre el escenario. El ex Ratones Paranoicos hace los arreglos originales de todos los temas lo cual le perimte a Charly concentrarse más en cantar y solo intervenir en breves pasajes con el piano. Hilda Lizarazu acompaña en los coros y tapa las estrofas en que no le da la voz para llegar más alto. Además, el “Negro” García López la descoce con su estilo henrdrixiano y hace su propio show animandose por momentos hasta a tocar la guitarra con los dientes. El trío de chilenos completa lo que queda de la formación Los Enfermeros que acompaño a García hacia fines de los 80’.
Al final del show, luego de varios bises, Charly dijo “no doy más” y se fue. Realmente se nota que se esfuerza por dar lo mejor de sí, no como en otras épocas en que no terminaba las canciones y parecía que su mente habitaba otro planeta. Es difícil quedarse con una versión, esta nueva reciclada y saludable, o esa versión desaliñada y decadente de hace unos años que llevaba la cara pintarrajeada con aerosol y que se concentraba en todo menos en tocar. Tal vez la segunda sea más romántica aunque en cada recital era preguntarse si uno iba a poder verlo otra vez. Esta nueva versión nos permite ilusionarnos con un futuro mejor, el progreso que hubo desde Vélez es un aliciente en este sentido y no es descabellado pensar en nuevos discos, nuevos joyas para el cancionero de nuestras vidas y quién sabe qué más. Es Charly y de él se puede esperar cualquier cosa. Por ahora lo único que podemos hacer es devolverle todo ese amor que recibimos de él, que si McCartney tenía razón, vamos a ser retribuídos. Y sino, esta todo bien. ¿No fue suficiente ya?

4 comentarios:

facu dijo...

lo felicito anacoreta.
me encanto la nota, y me sentí parte de ella, aunque no hayas nombrado a los acompañantes que tuvo esta visita del anacoreta.

aunque todos sabemos que todos hacemos al anacoreta.

felciitaciones nuevamente
.nos vemos en libarios!.
say no more!
facu.

Valèrie dijo...

Mis comentarios acerca de esta crónica están más detallados en el e-mail que acabo de enviarte, pero no puedo evitar comentar por acá para volver a felicitarte. ¡Genial, Manu! Excelente, disfruté muchísimo de esta lectura...pero me imagino cuánto más lo habrás disfrutado vos habiéndolo vivido, ¡qué hermoso! al menos tengo una muy buena idea de lo que fue gracias a tus palabras.

flandorsio dijo...

Buenísimo, una lástima que no haya podido ir, la plata se va así nomás en estos días.
Para mi no va a ser suficiente hasta que lo escuche tocar temas de la Máquina (Dios me oiga)...
Este sábado espero nos veamos, tengo que ultimar detalles aún.

Norah dijo...

¡Qué nota tan conmovedora!