sábado, 20 de febrero de 2010

Texto


Me gusta escuchar jazz cuando escribo. Tal vez porque sea una música intelectual, por llamarla de alguna forma, y eso la hace compatible con la escritura, los libros y demás (no podría escuchar Led Zeppellin y escribir a la misma vez). Tal vez porque el jazz, la improvisación o el azar de alguna manera evocan a Cortázar, a ese magnífico cuento que es El perseguidor. Tal vez simplemente porque me gusta y me sumerjo fácilmente en las melodías de la trompeta y las ideas empiezan a saltar solas como peces en el agua. Hago clic en Mis Documentos/Mí Música/Miles Davis/Kind of blue. El primer tema es “So what”. Traducido al criollo: cuál es la que hay. Uno de los momentos cumbre del jazz y la música. No creo en la división exhaustiva en estilos como si fueran divisiones de regimientos y batallones. ¿Por qué esa rigurosidad de cuartel si es sólo música? Hay un solo podio en el cielo y por ahí caminan con la misma autoridad Lennon, Bach, Miles Davis, Syd Barret. Etcétera. Podría decir mil cosas sobre Miles y sobre este disco en particular, sobre el sonido quejoso y suave a la misma vez que escupe su trompeta, sobre esa troupe de músicos del infierno, el efecto modernizador de todo lo que tocaba Miles, sobre la distancia entre Kind of Blue y su último disco Doo-dop, esa mezcla extraña de jazz, hip hop y música electrónica que en 1991, antes de que muriera, tenía mucho de “esto ya lo toque mañana”. Pero no era ese mi propósito al empezar a escribir. Había puesto este disco como carnada para atraer a los peces. Pero no buscaba al pez Miles, así que “¡uiraaaaa ya!”. Ya habrá tiempo para un post entero sobre Miles Davis. En esta época del año lo que sobra es tiempo.

Miércoles. 7:00 a.m. Suena el despertador. Por un día tengo que cambiar la rutina de levantarme al mediodía, vivir de noche leyendo libros, revistas, escuchando discos, mirando Lost, tocando el piano. Me levanto como si no hubiese dormido, con la lucidez de un matemático. Por si acaso tomo una pastilla. No dormí mucho y tengo miedo de quedarme dormido mientras manejo hacia Parque Centenario.
Agenda del día. 8:30 a.m. Examen de inglés. 12:00 a.m. Encontrarme con Negro en Luna Park.
Cuando llego al aula 410 de la Facultad de Ciencias Sociales y pregunto si es ahí el examen de inglés dos, un pelado con pinta de homosexual me dice: “Un poco tarde, pibe. Sentate que ahora te llevo el examen”. Agarro una silla, la levanto tratando de no hacer ruido y la pongo en la fila de adelante. Al rato el pelado con pinta de homosexual se levanta y me trae una pequeña hoja con un texto sobre Winston Churchill y unas pocas preguntas que tengo que responder en castellano. Pienso en lo curioso del avance de las técnicas modernas de enseñanza. El examen, una papa.
10.00 a.m. Le había dicho al Negro de encontrarnos al mediodía así tenía un par de horas para sentarme a tomar un café y leer el diario. Tomo el subte hasta el microcentro. Entro en un bar en la esquina de Reconquista y Perón. Me siento en una mesa junto a la ventana. Afuera hay un chico que lustra zapatos cuando algún señor frena y se sienta mientras habla por celular. Empiezo a leer un ejemplar de Página/12. No me puedo concentrar. En la mesa contigua un grupo de unos cuatro o cinco señores hablan de fútbol, especialmente de Racing. Cada tanto un mozo se asoma desde la barra y aporta un comentario al debate futbolístico. Vivas es un incapaz. Kirchner puso la plata para que venga Russo. Le dijo que si no agarraba no volvía a dirigir en su puta vida. Etcétera. Un café y dos medialunas de grasa (tengo cierta dislexia, hubiese preferido dos de manteca). Valor: 10 pesos.
12.00 a.m. Charly García en el Luna Park. Valor cabecera: 90 pesos.
12.15 a.m. Subimos por Corrientes hacia 9 de Julio. Hace calor en Buenos Aires. Entre el hormiguero de gente veo una cara conocida que camina hacia nosotros en sentido contrario. No, no lo conozco. Sí, sí. No, no, no. Cuando estoy a un metro me doy cuenta quien es. Un viejo compañero de colegio con el que con suerte crucé alguna palabra en mi vida. Lo miro. El no me mira. Sigo caminando. Sigue caminando.
-Negro, ¿vos saludas a la gente que te cruzas en la calle?
-Sí, supongo.
-Hay que saludar. No entiendo a los que dan vuelta la cara y miran para otro lado.
-Es un signo de debilidad.
-O tal vez le chupa un huevo saludarme.
-¿A quién?
-No importa, deja, Negro.
13.55 p.m. Villa Crespo. Niceto Club. FestiPez (Pez + Compañero Asma + Fútbol). Valor entrada: 35 pesos.
-Dame tres.
-Okey.

Jueves. Agenda del día. 8:00 p.m. Encontrarme con JD y amigas inglesas en Ciudad Konex.
Se me hizo tarde. La ciudad, el tráfico, los semáforos que no andan, los piquetes contra Macri. Etcétera. En el viaje leí un cuento de Osvaldo Lamborghini. A pesar de la dificultad de leer en el colectivo con el viento que entra por la ventana, el pelo que me tapa los ojos y las calles adoquinadas o llenas de pozos, logro dejar eso de lado y disfrutar del cuento. Título: “La causa justa”. Había pensado en llevar el ejemplar de 1100 páginas de “2666” para hacerme el intelectual, pero después me pareció más práctico (y menos estúpido) llevar un artículo de diario con el cuento del escritor con nombre de auto de lujo. Lo podríamos sumar a la corriente formada por otros como León Ferrari, Ricardo Fort, Harrison Ford, Brian Wilson, John McCain. Etcétera. Argumento: un hombre le dice a otro que lo quiere tanto que le chuparía la pija si fuera puto. Es solo un chiste. Los demás oficinistas escuchan como si nada la declaración de amor, acostumbrados al chiste argentino. Pero hay entre estos un japonés, fanático de la verdad, que va a obligar al hombre a cumplir con su promesa. Etcétera.
¿Lo llevo en la mano o lo guardo en el bolsillo?, pienso. Al final guardo el cuento en mi bolsillo. No voy a andar haciéndome el intelectual con un pedazo de diario. JD y las inglesas me esperan en un bar a dos cuadras de Ciudad Konex. Tomamos una cerveza. Hablamos un poco. Ellos hablan. Yo escucho. Mi inglés es muy malo. Cuando lo hablo parezco un cavernícola. Cuando lo escucho es como si fuera sordo. Intento cruzar unas palabras con una de la inglesas, la morocha (la otra es rubia). Es como descifrar código Morse. Es inútil. Cerveza, valor: 12 pesos.
Dancing Mood, valor entrada: 25 pesos. Nos ahorramos el trabajo de hacer la cola porque el bueno de JD compró entradas anticipadas. Vamos por más cerveza. Valor x litro: 15 pesos. Yo pido una. JD pide otra. La rubia pide media. La morocha pide media. Cuando empieza el recital vamos hacia adelante. Hay mucha gente. Es extraño, una banda que hace standars de jazz de los años 50’ agregándole un poco de regaee y ska, que lleve tanta gente, que la gente salte, coree las melodías, agite banderas. Etcétera. Lo que puede conseguir el regaee (y la marihuana). Y después dicen que no es una música para mover el culo (NO, Jueves 18 de Febrero) sino que es una cosa espiritual, un canto a la tierra, a la naturaleza. Pura sanata. Odio el regaee. No me gusta. Me aburre. Ese ritmo sincopado y denso que se repite en cada puta canción.
-Voy a comprar otra birra –digo.
Etcétera.
En un momento va a subir a cantar una negra, gordita, una especie de “la que canta con los Rolling Stones” o “la que canta con Pink Floyd”. El líder, el de barbita, el que toca con los Cadillacs, parece un barrabrava de la 12. Arito, bermuda, remera de Argentina del mundial del 90. “Esto es Dancing mood, papa…”, dice en una parte.
Etcétera.
En un momento, promediando el final, se arma un pogo impresionante. No sé porque, tal vez por los litros de birra que ingerí, o por el sinsentido de la vida (?), me meto entre la gente y salto como uno más, porque después de todo de eso se trata ¿no?

4 comentarios:

Valèrie dijo...

Hay una diferencia esencial entre vos y yo: vos posteás cada tanto textos que realmente merecen un posteo. Yo posteo cada dos por tres textos o palabras que a veces redundan o están de más. Jaja! Por eso es doble el placer cuando veo que subís algo nuevo, porque siempre valdrá la pena leerlo.
Tanto el jazz como particularmente Miles Davis son asignaturas pendientes en mi vida, pero creo que Miles no pasará de esta noche, me voy a descargar el Kind of Blue (por cierto, ¡qué lindo nombre!) y trataré de escribir con Jazz de fondo yo también…
Cambiando de tema no sé cómo voy a hacer para volver a dar vuelta mis horarios “normalmente”, porque últimamente están distorsionados al cien por ciento. Con decirte que hace un rato me levanté porque estuve leyendo hasta la una del mediodía… ¡y ahora son las diez de la noche! Y me espera otra noche de Dostoievski (¡qué placer!)…no sé cómo voy a hacer para volver a amoldar los horarios a la facultad. ¿Vos también mirás Lost? Con Lost me vicié (sí, realmente me había viciado) en diciembre. En un mes miré las cinco temporadas juntas así que imaginate… ¿ya viste los primeros capítulos de la sexta? A mi todavía no me dieron ganas de verlos…
“Afuera hay un chico que lustra zapatos cuando algún señor frena y se sienta mientras habla por celular.” Esa imagen es tan real…también es una figurita repetida de las calles rosarinas…solo que mayoritariamente son señores de edad los que están lustrando los zapatos… ¿Tanto les cuesta cruzar una que otra palabra con ese chico o con ese abuelo antes de ponerse a hablar fríamente por el celular como si la otra persona fuese un criado? Cosas de hoy…

Valèrie dijo...

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Su HTML no es aceptable: Must be at most 4,096 characters.
(¿WTF? No sabía que Blogger también era restrictivo en éstas cosas!)
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Mmm…Dancing Mood. No conozco nada. Y creo que tampoco tengo ganas de conocerlos.
Bueno, volviendo a tus comentarios en mi blog. Artaud es uno de mis discos preferidos del Flaco, por cierto… ¿leíste algo de Artaud? Otro de mis pendientes. Es cierto ese prejuicio de decir que la música del Spinetta es rara, demasiado compleja, incomprensible (¿?)…muchos amigos (músicos) me dijeron que les llevó tiempo digerirla. Yo no sé si será por pura ignorancia o qué pero desde las primeras canciones que escuché me pareció un poco compleja quizás en lo instrumental pero ¿compleja en la lírica? Para nada, como vos decís…es muy entendible y además adopta diferentes significados, con pensar un poco en una letra podés construir una historia o al menos sacar alguno que otro concepto o idea general de lo que te está hablando.
“El verano me da una culpa cristiana por no salir y estar al sol” Me llamó mucho la atención eso de “culpa cristiana” y si me pongo a pensar está bueno analizarlo así. Si mi culpa deviene de ese lado ya puedo ir despojándome de ella…te voy a confesar algo: este verano desde que tuve un incidente en mi departamento y me volví a mi pueblo (¿ciudad?) salí a la calle veces que fueron contadas. Me cuesta un poco lidiar con este encierro y no porque me aburra sino por esa culpa que vos decís…pero cuando me pongo a pensar siento que si me muevo de mi casa voy a querer volver a estar en mi pieza así que directamente no me muevo, ya que no hay muchas personas interesantes detrás de esta habitación con las cuáles pueda sentarme a conversar agradablemente. En Rosario esto es distinto, es completamente distinto. Pero acá me siento un bicho raro. La culpa creo que es más que nada en los fines de semana…pero cuando uno siente el placer intenso de una lectura…se olvida por completo. Y creo que en un futuro jamás me arrepentiré de mis fines de semanas completos dedicados a la música, la lectura, la escritura…y todos esos pequeños placeres que conozco tan bien.
Y para ir finalizando y para que no se te torne denso mi comentario…me dejaste con la intriga de esa canción que escuchaste y por las pistas que me diste se me ocurrieron que pueden ser dos: si era una melodía de piano definitivamente se trataba de Yann Tiersen. Para quitarte la duda podrías darle play a mi reproductor y poner la segunda canción “Summer 78”. Quizás la escuchaste cuando todavía tenía activado el auto-play en el reproductor. Después lo saqué porque deduje que si alguien entraba a mi blog con otra música de fondo le iba a resultar un poco incómodo tener que encontrarse con otra música invadiendo sus parlantes y tener que buscar el mini-reproductor para ponerlo en pausa.
El otro día dejé abierto mi blog un rato y no sé cómo se activó la canción que subí en un posteo de Yes, así que quizás también pueda ser esa… (http://valewaldisperg.blogspot.com/2010/02/yes.html)
Ya me contarás =)
Ahora sí me despido Manu…espero que estés bien.
Un abrazo!

vaL

JD dijo...

Eh loco una chance mas al regaee! http://www.youtube.com/watch?v=EmgFjFRdvnk

Marina dijo...

Me gusta, me quedo con este pequeño diálogo:

-Negro, ¿vos saludas a la gente que te cruzas en la calle?
-Sí, supongo.
-Hay que saludar. No entiendo a los que dan vuelta la cara y miran para otro lado.
-Es un signo de debilidad.
-O tal vez le chupa un huevo saludarme.

Meencantó!