domingo, 8 de agosto de 2010

Spinetta en el Teatro Don Bosco


No recuerdo cuando había sido la última vez que marqué el 110 para buscar un número de teléfono. Sentí una nostalgia tremenda, fue como volver a la secundaria. Ni siquiera tuve que hablar con una operadora. Dije la localidad y el nombre del teatro del cual precisaba el teléfono y mágicamente una máquina me dictó el número. De golpe me di cuenta que en dos minutos había conseguido el número del Teatro Don Bosco. No sé cuánto tiempo había hurgado antes en internet, pero seguro que mucho más. No tenía mucha fe en que quedaran entradas. Por eso cuando me dijeron que quedaban algunas ubicaciones en pullman, inmediatamente salí corriendo hacia el teatro. La sensación que tuve cuando ya tenía las entradas en la mano no podría explicarla. Las metí en el bolsillo y cada dos segundos metía la mano para asegurarme de que estuvieran ahí. Es una costumbre bastante estúpida, pero cada vez que voy a un recital me sucede lo mismo. Como si existiera la posibilidad que se hiciera un agujero en el pantalón o que el fantasma de Miguel Abuelo me las afanara. Yo qué sé, hay tantas costumbres estúpidas.
El Teatro Don Bosco es un teatro pequeño, con forma de chorizo, ubicado cerca del centro de San Isidro. Como el Bristol se incendió inexplicablemente el año pasado, ahora Spinetta toca ahí cuando viene para estos pagos. Todavía me acuerdo cuando en el año 1998, cuando no sabía mucho de música ni de nada (lo cual no significa que ahora sepa demasiado), vi un cartel que anunciaba un recital de Spinetta y los Socios del Desierto en ese mismo teatro. El afiche me había llamado bastante la atención porque Spinetta, a quien aún no conocía salvo porque mi papá solía tocar “Muchacha ojos de papel” en la guitarra, tenía el pelo teñido de rubio y usaba unos anteojos rojos, razón por la cual para mí siempre fue un tipo raro. Pero con Spinetta no hubo amor a primera vista, como si existió con Los Beatles o Charly García. No lo fui a ver esa vez, ni lo iría a ver por mucho tiempo. Lo tuve que ir degustando por partes. Primero Almendra, luego Pescado Rabioso y recién después algunas cosas de solista. Invisible fue el último condimento para que finalmente me enamorara de Spinetta, o de su música más precisamente. Cuando por fin lo iba a ir a ver en el año 2001, sucedió la catástrofe que ya todos conocemos, vino el estado de sitio y no pude verlo. Al año siguiente hizo una serie de recitales en el Teatro Colón. Esa fue la primera vez que lo vi en vivo.
No hay nada más divertido que observar la fauna de los lugares a los que uno asiste. Especialmente cuando tenes que esperar una hora. Puede ser en la cola del banco, en un partido de fútbol, en el tren, en un boliche. Pero ningún lugar más adecuado para esto que un recital. Cada público es un mundo, como si fueran razas diferentes. Lo curioso del público de Spinetta es que no pertenece a ninguna raza, ni mucho menos a alguna tribu urbana. No son como los rolingas que van a ver a Los Ratones Paranoicos o a La 25. No se juntan en las esquinas, no tienen un punto de reunión. Ni siquiera tienen muchas cosas en común. Como Riquelme en Boca, no les interesa hacerse amigos. Es raro encontrarlos en grupo en otra situación que no sea un recital de Spinetta. Tampoco tienen un ritual. Solo algunos toman cerveza mientras hacen la cola, alguno tal vez fuma porro. Pero seguro que estos personajes son infiltrados, agentes secretos de la SIDE o fundamentalistas fanáticos del Indio Solari. Hay algo que tienen en común los seguidores de Spinetta y es su aversión por el fanatismo. No son como los seguidores del Indio Solari que no entienden cuando a alguien no le gusta los Redondos y, además de matarte por hereje, pueden estar horas intentando convencerte de su genialidad. Un fanático de Spinetta (aunque jamás se llaman a sí mismos de esa manera) nunca va a gastar tiempo discutiendo con alguien que no le gusta Spinetta.
Una vez que termina el recital cada uno se va a su casa y no vuelven a juntarse hasta que haya otro recital.
Solo Spinetta puede abrir un recital con un discurso. A cualquier otro lo silbarían y le tirarían tomates. Cuando se abre el telón, entre otras cosas, le tira algunos piropos al teatro, aunque sin mucho énfasis. “Vamos con Viaje y epílogo”, dice después. De esa manera extraña empieza el recital. Tampoco necesita abrir con un hit, aunque no son muchos los que ha cosechado a través de los años. Seguramente después del show de Vélez hay muchos temas que no quiere repasar. Por eso el repertorio va a prescindir de algunos temas como “Seguir viviendo sin tu amor”, “No te alejes tanto de mí” y “Rezo por vos”, que hasta hace un tiempo eran fija en la lista. Debo confesar que las expectativas que tenía luego de lo que fue el memorable recital de Vélez (no me explico por qué razón todavía no salió el DVD) no eran muchas. ¿Qué más podemos pedirle a Spinetta? Pedirle a esta altura al Flaco que siga haciendo música después de todo lo que hizo es como pedirle a Maradona que se ponga los cortos y nos haga ganar un mundial. Algo que sin lugar a duda hacemos. Hace un tiempo Sergio Marchi dijo en una entrevista que pedirle a Charly García que siga creando música al nivel que lo hizo en los 80’ habla a las claras del estado en que está el rock nacional.
El volumen estuvo muy bajo durante todo el recital. Spinetta abusa cada vez más del falsete y el pucho le está pasando factura. De todos modos es conmovedor que después de tantas rutas (no solo argentinas) recorridas, tanto escenario sobre su espalda, siga dejando todo en cada recital. Es raro que toque menos de dos horas. Incluso a veces puede sorprender con cinco horas, como lo hizo en Vélez el pasado diciembre.
La primera ovación de la noche vino cuando sonó el acorde inconfundible que marca el principio de “Cementerio club”. Frases como “¿ahora ves algo en mí que no detestes?” o “que calor hará sin vos en verano” me siguen poniendo la piel de gallina.
En un intervalo entre las canciones el Flaco comenta el frío que hace. Realmente cala los huesos. Algunas personas sentadas en las viejas butacas de madera ni siquiera se sacaron las bufandas. Sin embargo, enseguida aclara que afuera también hace frío, no sea cosa que alguien piense que se está quejando de las instalaciones del teatro. No, por favor, cómo va a pensar eso, por favor. Spinetta hace de la humildad su religión.
La mayoría del repertorio giró en torno a canciones de sus últimos discos. ¡Si hasta tocó “Nelly, no me mientas”!, del olvidado y fugaz Camalotus. Mi relación con los últimos trabajos de Spinetta es despareja. Al principio me gustaron, aunque tiendo a pasar de tema y me cuesta escucharlos completos. Creo que Para los árboles fue su último gran disco, de esos que te rompen la cabeza y podes escucharlos diez veces seguidas sin cansarte. Perfectamente se lo puede ubicar junto a gemas como Artaud y El jardín de los presentes.
Para “Cabecita calesita”, del hogareño Pan, hizo pasar a su hija Vera quien sorprendió a más de uno encargándose de los coros. No tendrá la voz angelical de Grace Cosceri, pero se las arregló bastante bien. Sorprendieron la inclusión en la lista de algunas canciones de Los ojos, gran disco del año 1999, uno de mis preferidos, dedicado a su novia de aquel entonces la actriz y ex modelo Carolina Peleritti. En la mitad del recital se incorporó a la formación el guitar hero Baltasar Comotto que se destacó en los solos de “La herida de París”, “Tu vuelo al fin” y “Yo miro tu amor”. A todos nos dio la sensación que llegó tarde, porque sinceramente dejar a un violero de semejante calibre una hora en camarines roza la estupidez y la insolencia. Uno de los momentos más graciosos del recital, que no tuvo a un Spinetta muy locuaz, fue cuando luego de uno de sus comentarios existencialistas, tan frecuentes en sus intervenciones discursivas, donde se refirió a la estupidez humana y a las cosas terribles que pasan en este mundo, dijo: “mejor no hablar de ciertas cosas”. Fue entonces que alguien del público, probablemente algún rolinga infiltrado, gritó: "¡toca una de Sumo, Flaco!" Entre risas y con la mirada atónita de la audiencia Spinetta se puso a imitar a Luca Prodan. A cualquier oyente desprevenido que pusiera uno de sus discos jamás se le ocurriría pensar que el Flaco es una persona graciosa. Pero la realidad es que tiene un muy buen sentido del humor.
No iban a faltar los homenajes a Charly y Fito. “Filosofía barata y zapatos de goma” parece haber sido compuesta para que la cantara Spinetta. La hermosa “Las cosas tienen movimiento” (“una gota de agua”, dijo el Flaco) nunca falta. Y así la lista se hace interminable (y también imposible de recordar). Pasaron “Viento celeste” y “Alma de diamante”, de Spinetta Jade. El homenaje a las víctimas de la tragedia de Santa Fe siempre presente con “8 de octubre”. “Ella bailó (Love of my life)”, de Los Socios del desierto. El extraño hit “Mi elemento” de Un mañana. Etcétera.
Para terminar el recital volvió a invitar a su hija Vera e hicieron una versión de “Durazno sangrando”, donde la menor de sus hijas se animaría a cantar algunos versos del estribillo. Por último, sonó una versión power de “Rutas argentinas”. La gente aplaudió y luego se fue a su casa. Cabizbajos, sin hablar. Si alguno se quedó charlando en una esquina es porque no era fanático de Spinetta.

5 comentarios:

Cdlv dijo...

Excelente, es completamente cierto lo que decís de los seguidores del Flaco, yo soy una. Y tengo la misma impresión cdo estoy en la cola.. je!
En mi caso largue con pescado, y me costo mucho salir de ahí. pero recorrer su discografía fue una experiencia tremenda!
Lo vi hace un par de semanas en el Orfeo Córdoba, como vos, dps del tremendo show de velez, no esperaba tanto, pero claro,el flaco no deja de sorprendernos!

Valèrie dijo...

Es verdad lo del público de Spinetta. Lo noté en Velez…aunque si pude hacer algún tipo de generalización en cuánto a sus características en común porque en su gran mayoría se parecen al común denominador de personas que frecuento en la facu…
Solo lo vi en vivo dos veces, y las dos veces salí muy a gusto con el público (no como en el Quilmes con Radiohead, que tuve ganas de matar a unos cuántos).
Cementerio Club fue la canción que más disfruté la última vez que lo vi. Y a mi también se me sigue erizando la piel con frases como “qué calor hará sin vos en verano…”, de hecho es una de mis frases del Flaco preferidas.
Veo que el repertorio fue bastante similar al rosarino…¡oh! Ya lo estoy extrañando, espero vuelva pronto.
El Flaco y sus comentarios…y las que le sigue tirando el público…¡me hubiera encantado verlo simulando a Luca! Jajaja! Es cierto eso de que quienes no lo hayan visto en vivo no se percatarían jamas de su sentido del humor…
Filosofía barata y zapatos de goma…parece haber sido compuesta para que la cantara Spinetta ^^ ¡gran verdad! Otra canción que disfruté muchísimo…
¿A ustedes les hizo una versión de Durazno y de Rutas Argentinas? Ahhh =( ¡esas nos las debió!
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facu dijo...

que buena cronica che!
la verdad que me hizo estar dentro del recital aunque no haya ido...

un abrazo y feliz cumple..

saludos.
facu

p.d. me pueden gustar los redondos y spinetta igual no??
aunque es cierto. no se es fanatico de spinetta.

flandorsio dijo...

Como siempre, genialmente redactado. Yo fui uno de aquellos que se quedaron sin entrada. Cuánta razón tenés con respecto al fanático de Spinetta, es como que "si no te gusta, no lo entendés y por lo tanto no es para vos" jaja.
Me pasa exactamente lo mismo con las entradas y no creo que las tengo hasta que estoy adentro.
Spinetta tiene un humor raro y dificil de ver a primera vista, me pasó lo mismo con George Harrison, no me di cuenta hasta que ví el video de Crackerbox palace.
Feliz cumpleaños y te veo en Sira.
Un abrazo.

Flavio Pigazzi dijo...

muy buena crónica, yo fui a verlo al Orfeo y a Don bosco hace un mes.

me gusto tu comentario sobre el público, me parece que asi como ciertos artistas generan manifestaciones de idolatria a su alrededor.

el flaco con su particular estilo genera una adhesión que pasa por la inteligencia, un buen fan de spinetta conoce de música, conoce de poesía, conoce la obra de spinetta y es un tipo que podrá ser tan discreto como el flaco en sus expresiones, pero que también es creativo.

un abrazo.