lunes, 11 de octubre de 2010

Crónica al tun tun sobre un recital de Pez


-La puerta estaba anunciada a las 8. Como buenos y (no tan) sanos feligreses a esa hora estábamos en la puerta de Sira, un boliche en Olivos, a pocas cuadras de la quinta presidencial. No había una mosca. Unos pocos barbudos esperaban sentados en las escaleras, un grupito de gruppies llegó temprano quizá con la esperanza de encontrar a alguno de los músicos fumando en la entrada. La puerta estaba cerrada. De fondo se escuchaba la prueba de sonido de una banda que no era Pez. Nos quedamos cinco minutos en la puerta. Alguno, creo que Jaco, propuso ir al auto a tomar unas cervezas (calientes) que habíamos comprado en el supermercado. Mi voto no es positivo, dijo Simón. Yo tampoco tenía ganas de tomar cerveza caliente, además tenía una llaga en la lengua que estaba empezando a molestarme. Nos sentamos en las escaleras, cerca de los barbudos, y esperamos, la espera es una de las grandes virtudes del hombre. Mientras tanto la puerta se fue colmando de personas de todos los colores. Hippies, emos, punks, gruppies, también gente aparentemente normal, aunque eso nunca se sabe. Llamó especialmente la atención una familia numerosa y bien arreglada que cruzó la calle y se dirigió hacia la fila ante la mirada atónita del público.

-Primero tocaron dos bandas soportes. La mayoría de las bandas tienen el ego tan elevado que rara vez le dan lugar a bandas que no son tan conocidas y sus posibilidades de llegar al mainstream del rock son escasas. Pez suele incluir bandas más chicas como teloneras, por buena onda o tal vez por venir militando en el under porteño desde hace tantos años o quizás simplemente porque el bar le encajó a las dos bandas soporte. No recuerdo el nombre de la primera banda. Era onda Catupecu. Resaltaban las caras del guitarrista, especialmente en las partes que se acercaba al micrófono para hacer los coros. Se excedieron en pedir disculpas cada dos por tres porque el baterista los había dejado en la semana y estaban sin ensayar y sonaron para el orto. ¡Ya está, flaco, lo entendimos, qué más queres, que suba y te dé un abrazo para consolarte! La segunda banda se llamaba Laissez Faire. Una onda más setentera. Reminiscencias a Pescado Rabioso (gran versión de Post crucifixión) y Led Zeppelin. El cantante le puso mucha onda, de tanto mover la cabeza se llevó puesto un par de veces el pie de micrófono (un dolor de huevos para los plomos). Letras con contenido especialmente lisérgico, riffs frenéticos, mucha distorsión, pantalones Oxford, etcétera.

-Dentro de las tribus urbanas hay una, no muy difundida, que es la de los plomos. A esta puede agregársele un subgrupo que son los plomos de Pez. Mientras Laissez Faire iba cerrando el show empezaron a abrirse paso entre el público unos tipos enormes con remeras de bandas de heavy metal o punk. Si no fuera porque llevaban cargados los equipos no me hubiera extrañado que la gente se escondiera debajo de las mesas. Y yo hubiera sido el primero. El más grande de ellos, un gordo con una chiva impresionante y una remera de Slipknot, se abrió paso con un amplificador Ampeg gigante. Había otro gordo con una remera de Ramones que entró cargando el piano de Pepo junto a otro plomo extrañamente más pequeño. A uno se le resbaló el piano, probablemente al más pequeño, y casi se les va a la mierda. Esto marca que para ser plomo hay que ser gordo y portentoso. Y usar remeras de bandas de heavy metal.

-Aquí viene una elipsis que remplaza una larga y tediosa hora de espera.

-Luego de una infructuosa prueba de sonido hicieron su aparición en el escenario los Pez. El último en subir, entre gritos de “vamo’ gordo”, fue Minimal, con un look renovado (con barba y pelo, aunque con una pelada inocultable), que enseguida empezó a darle indicaciones al sonidista. Estaba molesto por el bajo volumen de la voz. Claro que la guitarra estaba al palo y no estaba dispuesto a ceder ni un watt de potencia. Mientras sus compañeros zapaban sobre una base medio jazzera, Minimal empezó a recitar una copla que al principio pareció improvisada pero por su complejidad poética claramente no lo era (salvo que Minimal haya ingerido alguna sustancia y el alma de Borges hubiera ingresado de golpe en su cuerpo), e intercalaba con frases estridentes en su guitarra. Inmediatamente siguieron con “Latigazo”, de su último disco homónimo. En el primer corte, luego de una buena tanda de canciones del último disco, hizo un comentario sobre la derrota de San Lorenzo. ¿Y el 2 a 0 de Lanús sobre Huracán?, mencionó alguien del público que fue víctima de la primera puteada de la noche.

-El recital fue un poco al tun tun, sin demasiado diálogo con el público, tocando la mayoría de las canciones sin pausa entre una y otra. Algo frecuente en Pez (salvo cuando el público se vuelve recurrente en indicarle a Minimal que está gordo) y que incluso han utilizado en sus tres últimos discos donde todos los temas están conectados como si fueran algo más que canciones aisladas, una especie de gran opereta.

-¡Fringo!, gritó Minimal y, luego de un rulo de bata, comenzó “Cassette”, de Franco Salvador, una de las grandes piezas que dejó el último disco. Sobre una base punk la letra recorre imágenes de alto contenido ochentoso: Cemento, el mundial del 86 ("no te importa el mundial, vos te encerrás a leer a Baudelaire"), los Crass, los cassettes. Cosas que los jóvenes de hoy desconocen como la existencia de lados A y lados B en los discos, o que había vida antes de facebook, o que alguna vez existió algo que se llama “carta” que es parecido al mail pero se escribe sin faltas de ortografía haciendo uso de papel y tinta.

-En un momento empezamos a debatir sobre las drogas que consume Pez. “Minimal le da a la cocaína, solo así se entiende que agite de esa manera la cabeza”. “Fósforo le da al porro”. “Pepo le da al Clonazepam”. “¿Y Franco?”. “Franco le da todas”.

-No me parece raro que hayan incluido en la lista una canción de Ricardo Iorio. No porque sean confesos fanáticos del punk y el metal (en uno de sus brazos Minimal tiene un tatuaje de Pixies). Sino porque Minimal es el típico caso del tipo al que le chupa un huevo lo que piensan los demás (salvo que digan que está gordo). Un simple repaso por la discografía de Pez sirve como prueba de esto. Los discos van del punk al jazz-rock, luego al progresivo, luego al folk, luego otra vez al punk. No todo es derecha o izquierda, Spinetta o Kurt Cobain, Lennon o McCartney, peronismo o gorilismo. Puede caberte una cosa y también caberte la otra. A veces las personas adoptan una ideología como si fuera un paquete, una gran Cajita Feliz, y se piensan que tienen que adscribir frases hechas y añejas como si fueran loros. La vida es mucho más compleja, amigos.

-Ya fue la época de los Hendrix, Jimmy Page, Eric Clapton, Frank Zappa. Ya no hay buenos guitarristas, tipos que con un solo de guitarra puedan erizarte la piel. La única guitarra que conocen los adolecentes es la guitarra de Lolo. Frente a este panorama Ariel Minimal parece mearles en la cara a todos juntos con su guitarra. Muy lejos del estereotipo del guitar hero, con más riffs que solos, siempre al palo, todavía hay una magia que hace que los sonidos valvulares de su guitarra viajen directamente hacia el corazón (sin antes perforarte los oídos y dejarte sordo). Me imagino un clip de Pez con Minimal haciendo un solo de guitarra y a la vez meándole en la cara a un ejército de guitar hero.

-En un momento percibí un brillo en la oreja de Franco Salvador. ¡El hijo de puta tenía tapones! Si hay algo que sucede en los recitales de Pez, además de la buena onda y la música del carajo, es que uno se queda sin oídos. Haga la prueba de ir a un recital de Pez y se va a dar cuenta que por tres días va a escuchar un chirrido en sus oídos. Y no precisamente por la injerencia de estupefacientes. Cuando promediaba el final del recital Minimal le prometió al sonidista que sí le subía la voz él se dignaba a bajar el volumen de la guitarra. Obviamente nada de eso sucedió.

-La lista de temas incluyó más que nada canciones de su último álbum. Pero también hubo espacio para repasar piezas de discos anteriores. En un pasaje del show repasaron al hilo “Los orfebres”, “Spuistraat 249” y “Último acto”, del disco anterior (Los orfebres, 2007). Hubo otros infaltables como “Para las almas sensibles”, “Desde el viento en la montaña” y muchos otros que mi mala memoria me impide que recuerde ahora. El climax estuvo al final cuando tocaron “Maldición” e “Introducción, declaración, adivinanza” (o Malambo). Apenas sonó el último acorde Minimal saltó al público cual poguero de recital punk (no de PRO) y se esfumó entre acoples y aplausos.

4 comentarios:

Flowers dijo...

Me encanta esa foto.
La verdad, hoy me da paja leer toda la crónica, pero volveré.

Carla al desierto dijo...

Tal vez vos me puedas ayudar. ¿Qué grita Ariel en "Malambo"? Lo hace en la versión de estudio y también en vivo. Escucho que gritan, pero nunca entendí.

anacoreta dijo...

ni idea Carla, la letra dice esto:

Un monstruo siempre eterno, mastica tus ideas
mientras yo intento parecerme un poco a aquél que siempre soy.
No busques nada nuevo, no esperes nada santo,
porque te vas a encontrar a un pendejo cabrón.
No quiero convencerte, no quiero seducirte,
hago ésto porque ésto soy y no tengo otra opción.
Voy a morir de viejo, no voy a estar zarpado,
no tengo nada que ver con tu idea del rock.
Piedras, papeles, tijeras que cortan cartones de color,
yo me acuerdo, me acuerdo del sabor.
Giran y suben y bajan y gritan y giran y siempre sonriendo lastiman.
¿Vos querés saber quién soy?

Farid Yazlle dijo...

tiene un tatuaje de misfits